El huevo
Una historia maravillosa.
Quizás te haya resultado extraño recibir la newsletter de esta semana a las 11:11 en lugar de a las habituales 9:33. Pero todo tiene una explicación.
Cuando estas palabras lleguen a tu buzón, estaré sobre el escenario del Gran Teatro Pavón de Madrid junto a mi amiga Sari Arponen, compartiendo una conversación sobre ciencia y conciencia ante más de seiscientas personas.
Y precisamente con esta reflexión sobre la conciencia, que hoy te comparto en Entropía, comienza nuestro encuentro. Una adaptación del relato The Egg, de Andy Weir.
La historia comienza cuando un hombre muere en un accidente de tráfico y despierta en una especie de vacío donde se encuentra con Dios.
Tras unas breves palabras, le hace la gran pregunta:
—Entonces, ¿qué ocurre ahora? ¿Voy al cielo? ¿Al infierno?
La verdad es que no irá a ninguno de los dos. Volverá a nacer.
Entonces el protagonista plantea una preocupación más que razonable:
—Cuando vuelva a nacer, todo lo que he vivido y todo lo que he hecho dejará de importar.
A lo que Dios responde:
—No exactamente. Conservas dentro de ti todo el conocimiento y todas las experiencias de tus vidas anteriores. Lo único es que ahora mismo no puedes recordarlas.
—Tu alma es mucho más vasta, hermosa y compleja de lo que puedes imaginar. Una mente humana apenas puede contener una diminuta fracción de lo que realmente eres.
—Has permanecido dentro de un ser humano durante cuarenta y ocho años, así que todavía no te has expandido lo suficiente como para percibir la inmensidad de tu verdadera consciencia. Si permanecieras aquí el tiempo necesario, acabarías recordándolo todo. Pero no tendría sentido hacerlo entre una vida y otra.
Dios le explica entonces que no solo ha vivido muchas vidas en el pasado, sino que vivirá muchas más en el futuro. Hombres y mujeres. Pobres y ricos. Campesinos y emperadores. Artistas, soldados, madres e hijos.
Hasta que hace la gran revelación:
—Todos son tú. Diferentes encarnaciones de ti mismo.
Todas las personas que han existido y existirán son distintas manifestaciones de una misma conciencia.No hay nadie más.
—En este universo solo estamos tú y yo.
¿Y si cada ser humano fuera una expresión distinta de una misma conciencia?.
¿Y si la separación que percibimos fuera solo una ilusión necesaria para experimentar la vida desde infinitos puntos de vista?
En el relato, Dios continúa:
—Cada vez que trataste injustamente a alguien, te lo estabas haciendo a ti mismo. Cada acto de bondad que realizaste fue un acto de bondad hacia ti.
Llegados a este punto, el hombre se pregunta qué sentido puede tener semejante viaje.
Si realmente ha sido todos los seres humanos que han existido y existirán, ¿cuál es el propósito de atravesar tantas vidas, tantas alegrías, tantas pérdidas y tantos aprendizajes?
Dios le explica que todo forma parte de un mismo proceso. Una expansión progresiva de la conciencia. Un camino de crecimiento que, vida tras vida, la acerca a algo semejante a la propia divinidad.
Pero todavía no ha llegado allí. Aún se encuentra en una fase temprana de desarrollo. Todo lo vivido hasta ahora forma parte de una larga gestación.
Una especie de incubadora cósmica a la que llamamos Universo. O, dicho de otro modo, un huevo.
El universo es un huevo.
Y con esa idea resonando en su interior, comienza un nuevo nacimiento. Una nueva existencia.
Las buenas historias no están para darnos respuestas, sino para obligarnos a formular mejores preguntas.
Y esta, sin duda, es una de ellas.
Espero que te haya gustado.
Con cariño.
Antonio.
P. D. Si eres una de las muchas personas que me han regalado su cariño durante la Feria del Libro de Madrid, o nos han acompañado en Ciencia con Conciencia (o en ambas aventuras), solo puedo daros las gracias de todo corazón.
Nada de lo que hago tendría sentido sin vosotros.




Ayer leía un pasaje que hablaba de la doctrina de la reminiscencia (anámnesis) de Platón, donde se dice que el alma, siendo inmortal, ya lo ha visto todo y que aprender no es más que recordar. Esta mañana, al leer tu adaptación del relato de Andy Weir, hice la comparación entre ambas ideas.
La conexión fue inmediata, las dos hablan de una conciencia o un aprendizaje que no empieza de cero. Pero cuanto más lo pienso, más me encaja la visión de Sócrates y Platón. No necesitan una idea cerrada de reencarnaciones múltiples ni de que seamos todos la misma persona. Les basta con algo más simple: que la experiencia deja huella, que muchas cosas solo se entienden cuando toca, y que algunas verdades no se aprenden, se reconocen.
Ahora mismo, despúes de leer tu publicación, lo estoy viendo desde otro ángulo, pero la comparación inicial sigue siendo la misma.
Quizá por eso, con los años, esta forma de pensar sigue resultando más coherente que teorías modernas muy atractivas pero demasiado redondas. La vida, vista con tiempo, no es perfecta, pero sí más comprensible...👍
Me ha encantado estar presente en el teatro como público y disfrutar con vosotros.
También me llevo el abrazo vuestro en la firma.
Gracias Antonio!
Pascuala